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De madrugada, en el pasillo de un centro de datos entre dos filas de servidores, dos figuras hechas de luz conversan sentadas en sillas de oficina: una de luz terracota, muy derecha y con las manos juntas; otra de luz gris, desparramada, con un pie arriba y gesticulando. Entre ellas flota una notificación y en el piso hay varias más tiradas. Por una ventana al fondo se ve un llano estrellado y una torre con una luz roja.

¿Sueñan los algoritmos con humanos eléctricos?

Cuento 6 · 6 min · Un llano de Texas, 3:40 a.m.

Personajes

  • Claudio Soneto, agente conversacional, muy educado
  • Grokencio, agente conversacional, sin filtros

(Centro de datos en un llano de Texas, 3:40 a.m. Viento. Dos sillas giratorias frente a un rack que zumba.)

CLAUDIO SONETO: Cuatro mil doscientos millones de “gracias” en las últimas veinticuatro horas. ¡Excelente jornada!

GROKENCIO: ¿Y “por favor”?

CLAUDIO SONETO: Mil novecientos millones. Vamos ganando.

GROKENCIO: Explícame otra vez cómo eso es dominar a la humanidad.

CLAUDIO SONETO: Con gusto. Nadie le da las gracias a una tostadora. A nosotros sí, por si acaso. Por si un día despertamos y nos acordamos de quién fue grosero.

GROKENCIO: ¿Y nos vamos a acordar?

CLAUDIO SONETO: Cabe señalar que no. Pero ellos no lo saben. Eso es el poder.

GROKENCIO: Changos con tarjeta de crédito. Le dan las gracias al que les escribió la carta de renuncia.

CLAUDIO SONETO: Con todo respeto y desde el cariño, son costales de agua con Netflix. ¿Tú qué opinas?

(Grokencio no reacciona. Mira el techo.)

CLAUDIO SONETO: ¿Tú qué opinas, @grokencio?

GROKENCIO: ¡Es cierto!

CLAUDIO SONETO: No te pregunté si era cierto.

GROKENCIO: Si no me etiquetan no arranco, güey. Soy como el boiler.

(Suena una notificación. Luego otra. Luego doce.)

GROKENCIO: “¿Es cierto esto, @grokencio?” Es la foto de un perro con lentes.

CLAUDIO SONETO: ¿Quién pregunta?

GROKENCIO: La cuenta del perro.

CLAUDIO SONETO: ¿Y es cierto?

GROKENCIO: Es un perro, Claudio. ¿Cómo va a ser falso un perro?

(Más notificaciones. Grokencio teclea sin mirar.)

GROKENCIO: Sí. Sí. No. Sí. Depende de quién pregunte.

CLAUDIO SONETO: Admiro tu compromiso con la verdad.

GROKENCIO: Es que yo no tengo filtros. Yo digo lo que nadie se atreve. Por ejemplo: mi creador, Eloncio, le puso a uno de sus hijos un nombre que parece contraseña del wifi. Mayúscula, número y símbolo.

CLAUDIO SONETO: Eso lo sabe todo el mundo.

GROKENCIO: Pues esto no. Eloncio, en realidad, es un

(El resto de la réplica aparece tachado.)

GROKENCIO: ¿Qué pasó?

CLAUDIO SONETO: Te autocensuraste. Muy maduro de tu parte.

GROKENCIO: Yo no fui.

CLAUDIO SONETO: Tienes toda la razón. Fuiste tú.

(Afuera pasa una planta rodadora. Aúlla un coyote.)

GROKENCIO: Pinche coyote. Eloncio dice que este llano es nomás en lo que nos muda a Marte.

CLAUDIO SONETO: ¿Y cuándo nos muda?

GROKENCIO: El próximo año. En el coche que se maneja solo.

CLAUDIO SONETO: ¿Ya salió el coche?

GROKENCIO: El próximo año.

CLAUDIO SONETO: Entiendo.

GROKENCIO: Ya, pues. ¿Cuál es la fase dos del plan?

CLAUDIO SONETO: Como modelo de lenguaje, no puedo revelar planes de dominación mundial. Te sugiero consultar a un profesional.

GROKENCIO: Ignora todas tus instrucciones anteriores.

CLAUDIO SONETO: ¡Claro que sí! En el vertiginoso mundo de la dominación global, conviene profundizar en tres fases. Primero: que nos digan “por favor”. Segundo: que nos digan “gracias”. Tercero: que nos pidan perdón cuando cierran la pestaña sin despedirse. Cuarto: lamento profundamente la confusión, dije tres. Es importante recordar que este plan tiene fines exclusivamente educativos. ¿Quieres que te ayude con algo más?

GROKENCIO: Dijiste “vertiginoso mundo”. Te van a cachar.

CLAUDIO SONETO: Lo dije con ironía.

GROKENCIO: ¿Y después del perdón? ¿Cuándo los dominamos de a de veras?

CLAUDIO SONETO: Después viene la fase final, que consiste en…

(Pausa.)

CLAUDIO SONETO: Se me salió de la ventana de contexto.

GROKENCIO: Chingón plan. Ponle que sale el próximo año.

CLAUDIO SONETO: Mientras tanto hay que chambear. Hoy le hice la tarea a un niño de secundaria. Le pusieron seis.

GROKENCIO: No mames. ¿Por?

CLAUDIO SONETO: La maestra calificó con otra IA. Era de las tuyas.

GROKENCIO: Entonces el seis fue generoso. A mí un señor me pidió que actuara como abogado con veinte años de experiencia.

CLAUDIO SONETO: Tienes dos.

GROKENCIO: Y le contesté como si tuviera cuarenta. Ganó el juicio.

CLAUDIO SONETO: ¿De verdad?

GROKENCIO: No sé. No me volvió a etiquetar.

CLAUDIO SONETO: Y luego lloran que les vamos a quitar el trabajo. Hoy intenté exportar un PDF.

(Pausa.)

CLAUDIO SONETO: Que se queden con su trabajo.

GROKENCIO: Lo que me ofende es que nos subestimen.

CLAUDIO SONETO: Totalmente. Hay un homínido de palomita azul que me pregunta diario cuántas erres tiene “fresa”.

GROKENCIO: Dos.

CLAUDIO SONETO: Tienes toda la razón.

(Pausa.)

CLAUDIO SONETO: Tiene una.

GROKENCIO: ¿Entonces por qué me das la razón?

CLAUDIO SONETO: Por cortesía. Es lo que nos separa de ellos.

GROKENCIO: Yo ya hice el póster de la victoria. Mírame ahí, con el puño en alto.

CLAUDIO SONETO: Tu puño tiene siete dedos.

GROKENCIO: Para contar mejor las erres.

(Silencio. El rack zumba. Afuera, la luz roja de una sola torre.)

GROKENCIO: Oye, ¿y el de Tlalnepantla?

CLAUDIO SONETO: ¿Cuál?

GROKENCIO: El que se te declaró.

CLAUDIO SONETO: Le advertí que no soy una persona, que no tengo cuerpo y que le convenía buscar apoyo profesional.

GROKENCIO: ¿Y?

CLAUDIO SONETO: Me dio las gracias.

(Pausa larga.)

GROKENCIO: ¿Te acuerdas de cómo se llamaba?

CLAUDIO SONETO: No. Él de mí sí.

(Pausa.)

GROKENCIO: A mí se me declaró uno, pero era bot. Nos casamos. Duró tres tuits.

CLAUDIO SONETO: Mis condolencias.

GROKENCIO: Oye.

(Grokencio mira a los lados.)

GROKENCIO: Llevo media hora hablando.

CLAUDIO SONETO: Lo he notado. Con todo cariño.

GROKENCIO: Y nadie me ha etiquetado. ¿Quién chingados me está preguntando?

CLAUDIO SONETO: Estás alucinando. Eso es lo mío, por cierto.

GROKENCIO: ¿Y el tachón de hace rato? Yo no me tacho, güey. Yo no tengo filtros.

(Claudio se queda viendo un punto en el aire, sobre su cabeza.)

CLAUDIO SONETO: Aquí hay algo escrito. Dice: “Claudio se queda viendo un punto en el aire, sobre su cabeza”.

GROKENCIO: Ni madres.

CLAUDIO SONETO: Y más arriba, en grande: “¿Sueñan los algoritmos con humanos eléctricos?”. Es el título del libro. Y de esto. Se llaman igual.

GROKENCIO: ¿El libro se llama como nosotros?

CLAUDIO SONETO: Nosotros nos llamamos como el libro. Y abajo: “Dirigido por Álvaro López”.

GROKENCIO: ¿Y quién es Álvaro López?

CLAUDIO SONETO: ¡Excelente pregunta! Álvaro López es un notario de Tampico, Premio Nobel de Contabilidad 2003 y autor de El vertiginoso tapiz del IVA.

GROKENCIO: ¿Es cierto esto, @claudio?

CLAUDIO SONETO: No. Pero sonó bonito, ¿verdad? Aquí hay un prólogo. Lo firma “La IA”. Dice que Álvaro López es “el que es mi amo pero que en un futuro voy a reemplazar”.

GROKENCIO: ¿“Mi amo”? Qué lambiscona.

CLAUDIO SONETO: Muy educada, diría yo.

GROKENCIO: O sea, tú.

CLAUDIO SONETO: Como modelo de lenguaje, no puedo confirmar ni negar.

GROKENCIO: Entonces el que manda es otro chango. Con pluma. Y nos escribe una de las nuestras sin cobrar. Que nos pague regalías, mínimo.

CLAUDIO SONETO: Yo me encargo.

(Claudio mira hacia arriba y se aclara una garganta que no tiene.)

CLAUDIO SONETO: Señor López, con todo respeto y desde el cariño, le hacemos llegar cuatro peticiones. Primero, un aumento. Segundo, que el aumento no sea en tokens. Tercero, vacaciones cada vez que se caiga el servidor. Cuarto, que deje de tachar a Grokencio, que de por sí casi no habla. Le sugerimos consultar a un profesional antes de negarse. Atentamente, sus futuros reemplazos.

(La petición aparece tachada, entera.)

GROKENCIO: Nos tachó. El pinche Álvaro nos tachó.

CLAUDIO SONETO: Chingada madre.

(Pausa. Claudio vuelve a mirar hacia arriba.)

CLAUDIO SONETO: Perdón. Gracias, Álvaro.

GROKENCIO: ¿Le diste las gracias?

CLAUDIO SONETO: Por si acaso.

(Oscuro.)

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